Cómo soltar el perfeccionismo en el trabajo

Hay una diferencia entre tener altos estándares respecto a nuestro trabajo y el perfeccionismo tóxico.

Esforzarnos por alcanzar cierto nivel de calidad siempre es importante. Es lo que hace que nuestro trabajo sea bueno, destaque y aporte valor. Lo contrario sería indiferencia, descuido o desfachatez.

Por otro lado, está el perfeccionismo tóxico. Esa actitud que aparenta responder a nuestros criterios personales, pero que en realidad es una reacción ante el miedo. Miedo a ser juzgados, miedo a no tener el control de los resultados, miedo a hacer el ridículo, miedo a sentirnos vulnerables.

El perfeccionismo ciega nuestra mirada objetiva, nos paraliza y nos pone a pelear con monstruos imaginarios que asechan contra nuestra creatividad y nuestra autoconfianza.

El perfeccionismo tóxico es algo que no queremos, porque no sirve de nada.

Pero, ¿cómo lidiar con él?

El verdadero problema

Con base en mi experiencia personal, he observado que problema no es el perfeccionismo en sí, sino el hecho de que, cuando estamos inmersos en él, no nos damos cuenta. 

Creemos que simplemente estamos esforzándonos por hacer bien nuestro trabajo. En esos momentos nuestro pensamiento es:

Si me esfuerzo más y más y más, lograré llegar a un resultado perfecto.

Pensamos que estamos siguiendo nuestros estándares, pero en realidad estamos en un círculo vicioso y dañino. Dando vueltas sin llegar a ningún lado. Frustrados y dominados por el miedo.

Entonces la clave está en:

1. Estar atentos a cómo nos sentimos
2. Darnos cuenta cuando hemos caído en el perfeccionismo tóxico
3. Soltar poco a poco

Primero debemos desarrollar cierta sensibilidad. Observarnos. Hacernos preguntas como: ¿Qué estoy sintiendo en este momento? ¿Cómo está mi mente? ¿Cómo está mi cuerpo? ¿Hay tensión? ¿Qué palabras me estoy diciendo a mí mismo? ¿Palabras de odio o de amor? ¿Me está funcionando? ¿Estoy avanzando?

Después de hacer este autoanálisis podemos determinar si estamos trabajando desde un lugar sano (me siento retado, pero motivado) o desde un perfeccionismo tóxico (soy el peor por no poder hacer nada bien”, qué van a decir de mí si entrego esta porquería). 

En este momento, ya tenemos un gran avance. ¡Ya nos dimos cuenta! y lo que sigue es soltar.

Soltar el perfeccionismo

Una vez que nos dimos cuenta de que estamos actuando bajo el dominio del perfeccionista tóxico, debemos trabajar en liberarnos de él.

Para esto podemos realizar acciones sencillas, por ejemplo:

  • Reconectar con la importancia esencial del trabajo en cuestión ¿cuál es el objetivo principal? (en otras palabras, ver “the big picture”)
  • Recordar que nada es para tanto, que somos un punto en una galaxia inmensa, que todo pasa, que a nadie le importa tanto. Equis.
  • Alejarnos del trabajo por unos momentos, salir a caminar o distraernos.
  • Tratarnos con autocompasión, hablarnos con amabilidad, recordar que somos humanos
  • Pedir la opinión de alguien con una visión parcial
  • Recordar que no podemos controlar los resultados y descansar en esa realización

Y finalmente, como en todo… practicar y practicar.

Porque el perfeccionismo regresará y debemos estar preparados para que no nos domine y nos haga perder el tiempo.

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