Se vale decir “me rindo”

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Vivimos en una sociedad que celebra la tenacidad y rechaza el darse por vencido.

Pero ¿realmente debemos obsesionarnos por conseguir todo lo que queremos? ¿por qué no decir “me rindo” cuando nuestro bienestar nos lo pide?

No estoy hablando de conformismo, dejadez o resignación. Estoy hablando de no confundir la perseverancia con necedad; de no forzar las cosas, de aprender soltar.

Claro que debemos perseguir nuestras metas, procurar la justicia, ser disciplinados, cumplir nuestros compromisos y tratar de ser mejores. Pero también creo que es importante darnos cuenta cuando nos estamos haciendo daño a nosotros mismos (y probablemente a los demás) tratando de forzar las cosas.

¿Cómo saber cuándo rendirse?

Personalmente, me gusta evaluar 2 aspectos:

1. El fin de lo que quiero lograr
2. Cómo me hace sentir el proceso

El fin de lo que quiero lograr
¿Por qué quiero conseguir esa meta?¿Cuál es mi objetivo? ¿Tiene sentido para mí? ¿Me ayudará a ser mejor persona? ¿Es una meta egoísta o generosa?

Cómo me hace sentir el proceso
¿Siento que las cosas fluyen o las estoy forzando? ¿Me siento cansado o con energía? ¿Me siento motivado o frustrado? ¿Estoy haciendo daño a otras personas tratando de conseguir esto?

Combinando estos parámetros, podemos tomar distintas decisiones.

Para simplificarlo lo explico con este diagrama:

 

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¡Espero que te sirva!