Lo que más me costó minimizar

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Mi año empezó con un gran problema: una lista enorme de proyectos por realizar.

Tras renunciar a mi trabajo a finales de diciembre, comencé el 2017 con mucho entusiasmo y sobre todo con muchos planes. Mi vida la veía como un gran lienzo en blanco en el cual cabían todos mis proyectos.

Pensaba:

Por fin tendré tiempo para terminar mi libro, para hacer mi empresa de canciones, para crear un canal de youtube con música para niños, para estudiar cosas nuevas, para vender productos con mis ilustraciones, para mejorar el blog, etc. Por fin seré libre para realizar todas esas ideas que siempre habían estado en lista de espera

¡Error!

Al poco tiempo, ese entusiasmo se convirtió en frustración. Y el lienzo en blanco se volvió una saturada y desorganizada lista de pendientes.

Estaba haciendo todo lo contrario a lo que haría un minimalista. Estaba tratando de organizar un exceso de proyectos, en lugar de simplificar y enfocarme en uno solo.

Así que decidí hacer algo al respecto.

Decidí descartar proyectos y dejarlos ir aunque me doliera. Siempre supe que era lo que debía hacer, pero por alguna razón me aferraba.

Para hacerlo, empecé por definir un propósito de vida. Me pregunté: ¿Qué quiero aportar al mundo? ¿Cómo puedo usar mis habilidades para ayudar a otros?

También me cuestioné lo siguiente: De los proyectos que tengo ¿Cuál es más auténtico? ¿Cuál es diferente a otros que ya existen? ¿Cuál es en el que más creo?

En este proceso descubrí 3 cosas:

1. El miedo estaba detrás de algunos proyectos

Algunos proyectos los mantenía únicamente por el dinero que podría hacer con ellos. El miedo a no poder obtener ingresos de otra manera, hacia que me aferrara a estos proyectos. Estos los descarté porque no cumplían con mi propósito y porque en este momento el dinero no es un problema para mí.

2. El ego estaba detrás de otros

Haciendo un análisis más profundo, descubrí que algunos proyectos tenían intenciones más ligadas a mi ego. Eran proyectos que buscaban reconocimiento de otras personas y una satisfacción personal que no aportaría mucho a los demás. Estos decidí posponerlos para un futuro o dejarlos que fluyan en su momento.

3. Algunos proyectos pueden volverse uno solo

Una vez definido mi propósito de vida, descubrí que varios proyectos en realidad no estaban separados, sino que eran parte de lo mismo, pues tienen un propósito en común. Estos proyectos decidí agruparlos y hoy forman parte de una misma misión.

Aún me falta mucho por trabajar y creo que todavía puedo simplificar más. Pero la diferencia que hoy siento es abismal.

Me siento liberado, menos frustrado y me levanto todos los días sabiendo qué es lo que debo hacer. No tengo miedo a fracasar porque sé que estoy dedicando mi energía a algo en lo que creo.

Aprendí que el minimalismo tiene más valor cuando nos desprendemos de eso que más trabajo y esfuerzo nos toma.

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